¿Cuándo fue la última vez que probaste algo nuevo? Sabemos que puede ser desalentador. Lo desconocido nos pone nerviosos de una forma difícil de describir. Abandonar nuestra nuestra zona de confort nos coloca en una situación vulnerable, e inevitablemente hace que una avalancha de preguntas recorra nuestra mente: ¿Qué hago? ¿De verdad debería estar probando esto? ¿Lo estaré haciendo bien? Insoportable, ¿verdad? Pues ahora imagínate este tsunami de inseguridades durante el sexo. “Los experimentos, con gaseosa”, que decía el escritor Eugeni D’Ors.

Con tal de ahorrarse el mal trago de adentrarse en terreno erótico desconocido, la mayoría de las parejas acaban cayendo en un sexo programado por ambas partes: mismos preliminares, las posturas que ya saben que les funcionan y los trucos compartidos para animar el encuentro. Exactamente eso les pasó a Jack y Mira (nombres ficticios). Su zona de confort se parecía mucho a su dormitorio, de noche, con las luces apagadas y el típico duplo del misionero y ‘perrito’. Después de 11 años juntos, tenían una vida sexual activa y saludable pero que, al haber caído en la monotonía, a la larga estaba resultando aburrida.

Para aparcar la pesada comodidad de la rutina, el matrimonio aceptó el desafío marcado por el portal ‘Prevention’ para probar una nueva posición sexual cada noche durante siete días. “Eso son más relaciones sexuales de las que normalmente tenemos (de 2 a 3 veces por semana), pero estábamos listos para ser creativos y flexibles (en sentido literal)”, señala Mira. Algunas de ellas son especialmente inusuales y requieren de maña, aunque ninguna necesita de una serie de acrobacias y malabares más propias del Circo del Sol que de un encuentro sexual. Sigue sus consejos y escoge tu preferida.

La rutina de Jack y Mira se parecía mucho a su dormitorio, de noche, con las luces apagadas y el típico duplo del misionero y ‘perrito’

Día 1: la mantequilla

Cuando Mira le contó a su marido que conocía la postura porque la había visto en una escena porno, él soltó una sonora carcajada, y rápidamente se pusieron a ello. Se trata de una posición avanzada en la que ella se acuesta de espaldas con las piernas en el aire y los tobillos al lado de la cabeza de su pareja. Él, en cuclillas, no tiene más que agacharse sobre ella para introducir el pene. El movimiento del hombre es similiar a cómo se hacía antiguamente la mantequilla, de ahí su nombre. Aparte de mantener el contacto visual, la posición de la cabeza de la mujer (para abajo) le permite tener un orgasmo más intenso. Debido a la posición de los cuerpos, el hombre ha de hacerlo con cautela, ya que un empuje vigoroso pordría causar lesiones en el cuello de la mujer. Exactamente la misma pega que puso Jack, que tenía miedo de lastimar a su esposa.

Día 2: la carretilla

Para practicar la clásica carretilla el hombre se pone de pie mientras que la mujer está apoyada sobre sus manos y rodillas. Entonces, él la levanta por los tobillos tirando de sus piernas hacia arriba pegándolas a su cuerpo, lo que ayuda a conseguir una penetración profunda. Por descontado queda que la postura requiere destreza y fuerza suficiente en los brazos tanto de él como de ella. “Honestamente, fue incómodo permanecer en esta posición durante mucho tiempo, pero fue divertido mientras duró“, argumenta la mujer.

Día 3: el sapo

Se trata de una versión actualizada del perrito, una de las posturas más comunes en los dormitorios. En este caso, la mujer se tiene que recostar sobre sus manos y rodillas, y mantener la cadera levantada: él hará el resto. El movimiento permite además una penetración más profunda que en otras posturas y deja las manos libres de la mujer para estimular su clítoris. Mira aprovechó y se lo tomó como un descanso, pues su marido hizo todo el trabajo. “A ambos nos gustó esta, puesto que no es muy complicada y lo suficientemente diferente como para escapar de la rutina y especiar nuestra vida sexual”, señala la mujer.

Día 4: la silla invertida

Es la posición más recomendada para principiantes. Jack y Mira la solían hacer cuando empezaban a salir, por lo que volver a hacerla fue una experiencia -además de erótica- algo nostálgica. En esta postura el hombre está sentado en una silla y la mujer se pone encima. Ella es quien controla los movimientos al levantarse y sentarse. Mientras tanto, él puede acariciar el clítoris de su pareja, y ella sus pechos. Estas caricias complementan la penetración profunda, que seguro conducen a un orgasmo intenso.

Día 5: la vaquera

La pareja decidió en el quinto día del desafío invertir los roles de género con la postura de la vaquera. “Al principio se me hacía un poco raro ver a mi marido en una posición tan femenina, pero las sensaciones fueron tan intensas que los dos llegamos al orgasmo en un santiamén“, asegura Mira. A la mayoría de las mujeres les suele gustar estar arriba (el poder es siempre un afrodisíaco embriagador), pues les permite tener un mayor control del ritmo y la profundidad de la penetración. Al estar ella encima, el hombre también tiene fácil acceso a su clítoris y puede estimularlo con sus manos. No obstante, hay que tener precaución para que la noche de desenfreno no termine en la sala de urgencias. Según un estudio publicado por ‘Advance in Urology’, la posición de la vaquera es la que puede provocar más fracturas o heridas en el pene.

Día 6: la ‘concha’

Tal vez quieras realizar unos estiramientos antes de ponerte al tema, pues la flexibilidad que requiere esta posición tan atrevida no es para cualquiera. La mujer se tiene que acostar con las piernas levantadas hasta arriba y los tobillos cruzados por detrás de su cabeza. Se trata de una posición cara a cara, muy visual, que no solo sirve tanto para la penetración como para estimular el clítoris. “No hay posiciones sexuales que me hayan dejado más expuesta que esta, estaba totalmente abierta para Jack”, confiesa Mira.

Día 7: la silla (cara a cara)

Para la última noche, la pareja reservó la postura más íntima. Después de esta maratón de sexo, qué mejor que una posición sin mucho esfuerzo físico. Consiste en que él se siente en una silla o en el borde de la cama y ella, sobre él, cruce sus piernas alrededor de su cuerpo. Y, por supuesto, deja las manos libres para que vayan donde quieran. La experiencia a lo largo de los siete días no solo amplió su catálogo de ideas, sino que también encendió su vida sexual. Para la próxima, quizá deberían probar a liberarse de horarios estrictos y abrazar el prometedor potencial del sexo en un momento mucho mejor del día: la mañana.

Vía el confidencial


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