“Sé que está mal, que eres mi hija… y desearía que no lo fueras. No puedo estar con nadie más, sólo cuando me acuesto contigo tiene significado”.

La historia de la inglesa Layla Bell es retorcida, pero sobre todo impactante y muy triste. Su padre, Raymond Prescott, de 54 años, abusó sexualmente de ella desde que tenía siete años. Y pasaron 20 para que la chica finalmente pudiera hacer algo al respecto. Tratándola como su favorita, la engañaba mientras ella no entendía lo que pasaba.

La primera vez entró a su pieza diciendo que le compraría un regalo por no mojar su cama. Luego, cuando sus hermanos se fueron a la escuela, él la acostó en el suelo y le sacó su falda. De esa vez ella no recuerda nada más. Pero sus violaciones no eran tan seguidas y el resto del tiempo actuaba como el mejor papá del mundo. Cuando volvía a pasar, él le decía que “era su pequeño secreto”.

Cuando tenía nueve o 10 años, le hizo sexo oral por primera vez…
“Recuerdo mirar su rostro y que era otro hombre, su comportamiento cambiaba en un abrir y cerrar de ojos. Cuando fui creciendo lo comenzó a hacer regularmente cerca de Navidad. Un día me violó en el cuarto que estaba al lado de mi madre, mientras gritaba ‘estoy teniendo sexo con mi propia hija’ pensando que era muy gracioso. Se metía en mi cuarto cuando nadie miraba y lo hacía”.

-Layla Bell-

Una horrible realidad a la que Layla sobrevivía bebiendo. Desde los 14 años fue alcohólica y era su padre el que le compraba los tragos. Él mismo hizo que probara la cerveza a los siete años.

Pero siempre quiso escapar de esos inhumanos actos, y a los 16 años, el año 2001, decidió denunciarlo. Él lo negó todo y toda la familia tomó su lado.
Comenzaron a acusarla de querer llamar la atención inventando cosas terribles e incluso recibió amenazas de muerte de familiares lejanos. Su madre dejó de mirarla y de hablarle… Layla cree que ella sí sabía lo que pasó y que estaba avergonzada.

Cuando vio que su padre volvió a intentar acostarse con ella a sus 27 años, rompió en llanto. Una amiga la escuchó y le dijo que simplemente debía grabarlo. Y así lo hizo. Mientras estaba ebrio, conversó con él y documentó como le decía que él sabía que lo que hacía estaba mal, pero que no podía tener sexo con nadie más que no fuese ella… que sólo con ella lo disfrutaba.

“Eres la única con la que tengo sexo y tiene significado para mi. Me siento igual todos los días. Sé que está mal, que eres mi hija… y desearía que no lo fueras. No puedo estar con nadie más”.

-Raymond Prescott-

Layla presentó la escalofriante grabación a principios del 2013 ante la policía de Nottingham, Inglaterra, y por los crímenes enfermizos obtuvo 12 años de cárcel… que cumple hoy en día.

upsocl


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