El hombre bajó las escaleras de su casa y en el sofá encontró a su menor hija desnuda junto a un hombre. “Parecía haber sido una noche bien animada”, empezó a contar.


Una particular historia se ha vuelto viral en redes sociales, pues un padre contó el momento que pasó cuando vio a su hija de 17 años durmiendo desnuda en su sofá junto a un hombre. Los detalles de esta anécdota fue contada en una carta publicada por el propio padre:

En silencio, preparé el desayuno, subí de nuevo las escaleras y le dije a mi mujer, a mi hijo y a mi hija pequeña que bajasen en silencio. Cuando nos sentamos en la mesa del comedor, que estaba a unos 6 metros del sofá, grité “¡Joven, el desayuno está listo!”. Creo que nunca había visto a nadie levantarse tan rápido. Lo dije con un tono de voz que pretendía arrancarle el alma. Tiré de la silla que estaba a mi lado y le dije “¡Siéntate!”. Mi familia estaba en un completo silencio, casi sin pestañear ni mover ni un músculo.

El temor y la confusión de aquel hombre se empezaron a hacer evidentes, pero el padre continuó con su extraña forma de manejar aquella situación y empezó a hacer preguntas al hombre: “Mi amigo, te voy a preguntar algo, y la respuesta que des va a ser muy importante… para ti…” – en este momento podía ver cómo le caían las gotas de sudor por la frente – “¿Te gustan los gatos?”

Claramente se trataba de una pregunta con trampa. Mientras estuvo pensando la respuesta, se podía ver que el chico era bastante simpático, no había tenido educación, pero no era tonto. Aunque había algo un poco extraño en él. Mi hija me aseguraba que era un chico muy agradable y atento con ella, lo conocía desde hacía dos meses, y él venía cada día, aunque nunca se quedó por la noche.

A partir de ese momento, cada mañana venía a recogerla para llevarla al colegio en su bicicleta y la traía después de nuevo a casa, y siempre se aseguraba de que hiciese los deberes. La cuidaba cuando estaba enferma y nosotros estábamos en el trabajo.

El padre se enteró que el muchacho venía de una familia disfuncional y vivía prácticamente en la calle, pero su hija aseguraba que él era muy atento y lo amaba. Él tenía 19 años cuando ocurrió todo y sobrevivía recogiendo los restos y la basura de los caballos en un establo, lugar donde conoció a la menor.

Y aquí estaba yo. Frente a un chico de 18 o 19 años de edad, que era educado, que siempre tenía una sonrisa en la cara, y que te hacía sonreír a ti. Que se preocupaba por los demás, que ayudaba en lo que podía, sin necesidad de que se lo pidieses. Que hace feliz a mi hija. Un chico que nunca tuvo la oportunidad de ser un niño…

No es que sean realmente amigos, pero mi hijo se lleva muy bien con él. Mi hija pequeña confía en él profundamente, y el instinto maternal de mi mujer parece haberse extendido hacia él también. ¿Y yo?… algunas veces me preocupo por él. Quiero que sea feliz.

La historia escrita por el padre dio detalles sobre cómo empezó a confiar en el muchacho, quien ya había sido aceptado por la familia, a pesar de su pasado y su complicada vida.

Le confié las llaves de mi casa. Le dije que esperaba en casa todas las noches. En las siguientes semanas arreglamos la habitación de invitados y quise llevarle conmigo para comprar algunos muebles. Sin embargo él lo rechazó. Era bastante bueno construyendo cosas y quería ganárselo por sí mismo.

La historia termina cuando el padre cuenta que esa anécdota ocurrió en el 2000. Hoy, su hija y el joven tienen tres hijos y un negocio que va muy bien.


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