Es muy probable que usted conozca a algún hombre que sufra del síndrome del abrazo de la muerte (o ‘death grip syndrome’) o que usted mismo –o su pareja– lo padezca. Algo llamativo dado que no existe tal cosa, al menos desde un punto de vista rigurosamente médico. Sin embargo, se trata de un término que se utiliza cada vez más para describir un problema sexual masculino que impide al que lo padece disfrutar del sexo en pareja, especialmente el coito vaginal o anal, retrasando o impidiendo la eyaculación.
¿En qué consiste dicho síndrome? Basta con decir que lo del “abrazo de la muerte” es algo casi literal. Básicamente, se trata de la pérdida de sensibilidad del pene por una masturbación frecuente y despiadada, que ocasiona que sea mucho más difícil alcanzar el orgasmo en una relación de pareja convencional. Las razones por las que esto se produce son, no obstante, motivo de controversia. Algunos afirman que se debe a la rotura de terminaciones nerviosas producto del roce con el miembro. Otros que simplemente es ocasionado por estar acostumbrados a la masturbación manual, mucho más directa que la causada por el sexo en pareja.

Como afirma un reportaje publicado en ‘Vice’ a propósito del tema, el término aparece por primera vez en el consultorio de Dan Savage,periodista y consejero sexual responsable de la columna Savage Love. En uno de sus posts de mayo de 2002, señalaba que “si te masturbas de la misma manera todo el rato, o si agarras tu pene con el abrazo de la muerte siempre, te puede resultar difícil alcanzar el clímax a través de otras sensaciones más sutiles”.

¿De qué hablamos cuando hablamos de “abrazo de la muerte”? Básicamente, a la masturbación rápida y fuerte, como es el caso de los adolescentes que, por miedo a ser descubiertos, se ven obligados a terminar pronto. El problema que Savage identifica es que ello provoca que el hombre se acostumbre a alcanzar el orgasmo de dicha manera. Por el contrario, la mayor parte de la fricción sexual en una relación de pareja es ocasionada por otras vías, como puede ocurrir con la vagina que es, por lo general, mucho más suave y delicada (e incontrolable) que la mano.

Una década después de la publicación de dicha entrada, el término se ha popularizado en la red, especialmente entre aquellos hombres preocupados por no ser capaces de alcanzar el clímax con sus parejas. Basta con echar un vistazo a un hilo de Reddit para comprobar cuáles son las nociones más populares sobre el término: por ejemplo, que “está causado por la masturbación que te hace sentir bien, pero que una pareja no puede replicar o le cuesta mucho imitar”. También, que “necesitas reprogramar tu sistema nervioso”, como indican en Hip Forum.

Incluso han surgido páginas como Cure Death Grip que intentan aclarar algunas dudas sobre este supuesto síndrome que, desde luego, no es un problema médico ni jamás se ha diagnosticado como tal y que por lo tanto no tiene ninguna cura. La página aclara que, desde luego, lo que no ha ocurrido es que hayas sufrido una pérdida de sensibilidad irreversible en el pene a causa de la fricción, ni mucho menos que, como algunos afirman, hayan aparecido costras que impidan el disfrute sexual.

El problema, en todo caso, se encuentra en la diferencia que hay entre la masturbación y el coito: “El término describe cómo los chicos se masturban a lo largo de toda su vida, es decir, con un fuerte agarre alrededor del pene, combinado con un movimiento hacia arriba y abajo vigoroso que mueve los tejidos más sensibles del pene a un ritmo rápido”. Esta es la manera más rápida y sencilla de alcanzar el orgasmo, algo acentuado por el hecho de que en la autoestimulación podemos cambiar la intensidad y velocidad del movimiento porque sabemos lo que estamos experimentando, algo que la pareja no puede conocer.


Escapando al abrazo mortal
Como hemos dicho, no hay ninguna base médica sobre este supuesto síndrome. Lo cual quiere decir que, en muchos casos, aunque pensemos que lo sufrimos, realmente no es así. Y puede ser que nuestro problema sea exactamente que sufrimos otro tipo de problema de disfunción eréctil que deba ser tratado con atención especializada. Así que, antes de tomarnos la justicia por nuestra mano (valga la redundancia) es preferible consultar a algún experto médico.
En caso de que consideremos que lo nuestro tiene remedio casero, hay una larga lista de soluciones al alcance de la mano (ejem) que pueden ayudarnos a escapar al síndrome. En primer lugar, dejar de ser tan brutos y, en caso de que nos masturbemos, hacerlo de manera más lenta y floja, para no malacostumbrarnos. Cure Death Grip propone un esquema de cinco puntos para “reconectar” con el placer sexual que, en cualquier caso, es una buena guía para volver a disfrutar de la masturbación:

1.- Tomarnos un respiro y generar un deseo creciente por la estimulación.

2.- Tomarte tu tiempo tiempo para hacerlo.

3.- Utilizar y experimentar una variedad de métodos para masturbarse o alcanzar el orgasmo.

4.- Centrarse en las sensaciones sutiles. Ser delicado.

5.- Privilegiar la calidad por encima de la frecuencia hasta que vuelvas a conseguir sensibilidad.
En definitiva, replantearse de cabo a rabo las prácticas masturbatorias haciendo que prime la lentitud y el cuidado por encima de loscomportamientos compulsivos. Hay quien aboga por abstenerse de masturbarse durante largos períodos de tiempo, algo que agradaría al movimiento #NoFap, pero es probable que no haga falta irse tan lejos.

En algunos casos se propone la utilización de un juguete sexual ‘fleshlight’ (es decir, una vagina en lata) para masturbarse en una situación más semejante a la que se daría en un coito con una mujer. También pueden ser de mucha ayuda los lubricantes y la vaselina, una ayuda que muchos hombres rechazan porque consideran un fracaso de sus cualidades amatorias (“oh, Dios mío, no estoy consiguiendo que lubrique lo suficiente”) pero que puede facilitar la fricción en un encuentro entre las sábanas. Como hemos dicho, se trata de remedios ‘sui generis’ que no deben sustituir la visita a un médico y que, en cualquier caso, pueden mejorar nuestra vida sexual en solitario.

El Confidencial


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